7/10/13

Nuestra Señora del Rosario

Nuestra Señora dándole el Rosario a Santo Domingo


La Virgen se le apareció a Santo Domingo de Guzmán en la capilla. En su mano sostenía un rosario y le enseñó a Domingo a recitarlo. Dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias.
Santo Domingo salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano. Efectivamente, lo predicó, y con gran éxito por que muchos albigenses volvieron a la fe católica.
Lamentablemente la situación entre albigenses y cristianos estaba además vinculada con la política, lo cual hizo que la cosa llegase a la guerra. Simón de Montfort, el dirigente del ejército cristiano y a la vez amigo de Domingo, hizo que éste enseñara a las tropas a rezar el rosario. Lo rezaron con gran devoción antes de su batalla más importante en Muret. De Montfort consideró que su victoria había sido un verdadero milagro y el resultado del rosario. Como signo de gratitud, De Montfort construyó la primera capilla a Nuestra Señora del Rosario.



Promesas de Nuestra Señora, Reina del Rosario, tomadas de los escritos del Beato Alano:


1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.

3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.

4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.

5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.

6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.

7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.

8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.

9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.

10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.

11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.

12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.

14. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

15. La devoción al Santo rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.

8/9/13

ACOMPAÑAR NO ES SEGUIR


Hoy quizá deberíamos preguntarnos con mucho rigor: ¿somos seguidores de Jesús?
A lo mejor creemos que lo somos, pero Él, nos aclara perfectamente el cómo. Él está por encima de todo y de todos, y esto no quiere decir que nos tenemos que olvidar de nuestros hermanos, ni de nuestros esposos, ni de las esposas, ni olvidar a los hijos: ¡ya se apañarán! No, rotundamente no.

Lo que ocurre es que muchas veces el “yo” de cada uno de nosotros se sitúa incluso por encima de Jesús, de Dios mismo. Yo he hecho… yo he sido capaz… yo he pensado y acertado… Para los cristianos, para los que seguimos a Jesús, aun con todas nuestras deficiencias y lacras, sabemos que sin su ayuda nada podemos.

Pero hay que aclarar lo de la libertad, uno tiene que hacer el cien por cien, y entonces, y solo entonces, Dios actuará también otro cien por cien. ¿Me comprendes?

Tú, yo, y todos nosotros, hemos de actuar de pleno corazón, con toda nuestra libertad y, aceptar las consecuencias, los resultados tal y como son, tal y como nos vienen.

Hay muchos que acompañan a Jesús, pero ¿cuántos son sus discípulos? Se puede vivir en una orden religiosa y no ser discípulo, y tan sólo porque no hay entrega plena de corazón. A Jesús, ahora sí, ahora no, no le sirve, y tampoco a ti, por mucho que te autoengañes.

Nos empeñamos en construir fortalezas en esta vida, y es lícito, pero a veces nos empeñamos en lo que no podemos, y sólo porque queremos aparentar una posición social fuerte y alta. Esto ya no es lícito.
Merecemos el descanso, pero hay que trabajar, y hay que hacerlo pensando que esta vida se acabará, y después habrá otra vida, para siempre, la eterna.
Si no te interesa… pero cada uno es responsable de lo suyo.

¿Intentamos ser humildes y sencillos, haciendo participar de todo lo nuestro al Señor Jesús?

¡Que Dios nos bendiga y tenga misericordia de todos nosotros!

15/8/13

La dormición de María

Estudio Fotográfico
defoto l'estudi

Mateo Cerezo(1663)


La voluntad de María, no hay duda alguna, es la voluntad del mismo Dios. Nosotros, por tanto, consagrándonos a ella, somos también, como ella, en las manos de Dios, instrumentos de su divina misericordia.
Dejémonos guiar por María; dejémonos llevar por ella y estemos, bajo su dirección, tranquilos y seguros: ella se ocupara de todo y proveerá a todas nuestras necesidades, tanto del alma como del cuerpo; ella misma removerá las dificultades y angustias nuestras.

San Maximiliano María Kolbe

Rosa entre rosas,
flor de las flores,
virgen de vírgenes
y Amor de amores.

Rosa en que el señor
puso su querer,
flor la mas hermosa
que se vio nacer,
Virgen que hace dulce
nuestro parecer,
Amor que hace nuestros
sus santos amores.

Rosa entre rosas,
flor de las flores,
virgen de vírgenes
y Amor de amores.

Cántiga de Alfonso X, el Sabio

14/7/13

Anda,haz tú lo mismo


Hace pocos días una señora me rebatía con fuerza sobre el significado de los carismas y, como el suyo, no era el de la oración. No entré en mas detalles, la escuché y guardé silencio, pero no estaba, ni estoy en absoluto de acuerdo.
La oración no es un carisma, es una necesidad y, es bien cierto que a veces, la oración parece estar apagada, parece no dar ningún fruto. Es como si no sintiéramos nada al hacerla, incluso da la impresión, de que cuanta más oración haces, mas ataques, mas tentaciones, mas motivos de distracción, mas excusas se interponen entre ella y yo.
Da igual, ¡hazla!
Sin la oración nada funciona, o nada funciona bien. Hay quienes, están estudiando, escribiendo, haciendo la colada, planchando... y, sin embargo están haciendo oración. Pero esto es otra cosa.
No hay nada que Dios nos pida, que nosotros no podamos con ello, porque Él siempre nos da los medios para realizarlo, mucho más de lo necesario.
“ La ley del Señor es perfecta, y es descanso para el alma”, aquí está uno de los frutos de la oración. “Los mandatos del Señor son rectos, y nos alegran el corazón”. Aún en los peores momentos, aún cuando parece que nuestra oración es “pesada”, incluso así, no hay que desfallecer en el intento. De la oración hecha no se pierde ni una coma. La oración mala, la deficiente, es aquella que no se hace.
Está claro que en ocasiones, en demasiadas, nos dejamos llevar por las primeras impresiones de las personas y, lo cierto es que son muy importantes, ¡pero! Si pensáramos siempre así, ¿qué diríamos del sacerdote y del levita, “que dieron un rodeo un rodeo”, por no contaminarse? Su ley, les prohibía determinadas cosas, su religión no les permitía, parar, tocar a un herido con sangre... ellos no podían contaminarse, pecar, sin embargo el hombre que no era tan religioso en apariencia al menos, un samaritano, de religión impura para el pueblo judío, éste, si para, lo toca, utiliza todos los medios a su alcance, tales como aceite, vino, vendas, agua, su propia cabalgadura y, su dinero, para pagar los gastos.
Jesús, hoy, ahora mismo, nos dice a todos nosotros: “Anda, haz tú lo mismo”. De los otros dos, no se oye, ningún reproche. En el Deuteronomio se dice: “el mandamiento de Dios -lo que nos pide-está muy cerca de ti, en tu corazón y en tu boca”.
A veces hacemos lo que hizo aquel Samaritano – y lo pongo en mayúsculas-, a veces, pero acto seguido ponemos verdes a los otros dos, al sacerdote y al levita, con lo cual, echamos por la borda, todo el trabajo bien hecho. ¿Y qué hacer?
Muy sencillo, Dios nos da todo lo necesario para que podamos actuar, nos dio a su Madre, la Santísima Virgen María, a quien yo, le debo todo, para que le pidamos a Ella, maestra en oración, para que nos enseñe a comunicarnos con su hijo Jesús, nuestro gran Amigo.

7/7/13

CALLA Y ESCUCHA

Solo se puede ser feliz perdonando, olvidando los daños que los otros nos pueden causar. Siendo humildes y mansos de corazón, sin generar las peleas, tanto dialécticas, discutiendo todo el día, con todo bicho viviente, “teniendo” yo toda la razón, como las mentales.


¿Cómo conseguir la paz? Callando muchas veces, pensando que “yo” soy el responsable de esa maldad, soy generador de errores, consciente e inconscientemente. Mi lengua ha hablado mal de esto o de aquello, y sin saberlo estoy causando daño. Como diría una amiga he generado mala energía, mal deseo, sencillamente he deseado “mal” y con esto es suficiente; luego soy responsable de la falta de felicidad.

Hace unos tres mil años, ya se escribía: “bendeciré tu nombre por siempre jamás, día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás.”

He aquí una muestra del camino a seguir para encontrar la felicidad. Hablar bien, es siempre bueno y positivo, por poco que sea, su efecto es siempre generador de bondad, de dicha, tanto para el que habla, como para el que escucha lo dicho, y si esta es nuestra intención, si nuestro deseo es tal, entonces, se cumple aquello de: “El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.”

Sabiendo esto, solo nos cabe pedir por nosotros, por todos los hombres, para que el bien crezca en todos, pedir lo bueno, suplicar lo mejor, empezando por eso que a veces no entendemos, y siguiendo por lo que nos haya podido causar algún daño, para que con nuestro bien, se limpie el mal, ese mal causado por ese posible descuido de nuestra lengua.

Y antes de pedirlo, ya tenemos que dar gracias a Dios, porque ya sabemos que nos lo ha concedido, nos ha escuchado antes incluso de que las palabras salieran a vibrar junto al aire, y es que la Palabra misma, es la generadora de buenas palabras, la única capaz de cambiar el mundo, la única capaz de hacerme manso y humilde, y así, llegar a vivir en paz, y esta paz, creará mi felicidad, la tuya.

La alegría, será mi camino, y podremos dar gracias a Dios siempre y en todo momento. ¡Qué alegría! ¿Verdad?

¿Tú vives en la alegría? ¿Disfrutas con paz?

Que el Señor te bendiga a ti, y a toda tu familia, a todos los tuyos, y a todos los que tu se la quieras dar

23/6/13


UN DIOS PROHIBIDO
La impresionante película “Un Dios prohibido”, de estreno en el cine Palafox de Madrid, no se mete en intrigas políticas; se limita a  presentar el testimonio de fe y de perdón de un grupo de jóvenes misioneros que fueron a la muerte cantando. Y recuerda a tantos otros que han seguido el mismo camino, como la comunidad trapense de Argelia, cuyo relato apareció también en la pantalla bajo el título “Dioses y hombres”.
Se ha escrito mucho sobre estos jóvenes. Esta carta dirigida al Seminario Mártir en 2010 lo expresa con otro lenguaje.


CARTA ABIERTA
AL SEMINARIO  MÁRTIR DE BARBASTRO
(1936)
  “Los misioneros eran los únicos
que cantaban al ir a ser fusilados.
Cantaban fuerte.
Los oíamos  y los veíamos
desde una rendija de nuestro balcón.”
Queridos hermanos: 
Vuestro caso es atípico. Totalmente atípico. Y además, estremecedor.  Os han llamado héroes, santos, locos..., ¡qué sé yo!  El papa Juan Pablo II quedó impresionado al conocer vuestra biografía: “¡Todo un seminario mártir!”, dijo el 25 de octubre de 1992 con motivo de vuestra beatificación. La documentación de primera mano es tan copiosa e irrefutable que ni el historiador más puntilloso se atrevería a pedir una comprobación o un detalle más. ¿Sois el primer seminario mártir de la historia? No lo sé. Pero no sois el único. Por las mismas fechas hubo otro aún más numeroso de hermanos vuestros, el de Cervera, que está siguiendo vuestros mismos pasos. 
Vivíais austeramente formándoos para ser misioneros. La oración, el estudio, el diálogo, el deporte..., todo en un clima sereno en el que abundaba el buen humor, venía a configurar la marcha de vuestra vida diaria. Os preparabais inmediatamente para recibir el sacerdocio y estabais disponibles para ser enviados a cualquier parte del mundo.
Compruebo que la mayoría del grupo no pasaba de los 25 años. Algunos apenas habíais cumplido los 21.  Erais tan bulliciosos como inofensivos, tan soñadores como comprometidos en la lucha por vuestro ideal, que era único, aunque tenía varios nombres: ¿Cómo llamarlo?: ¿Evangelio? ¿Reino de Dios? Pongamos Jesucristo. Aspirabais a ser discípulos y seguidores suyos con todas las consecuencias. Os habíais comprometido con voto de por vida. Hasta que un día...
Me parece que escucho vuestra narración y os veo quitándoos unos a otros la palabra. El 20 de julio de 1936 suena una llamada fuerte a la puerta. “En nombre del Comité de Enlace de Barbastro venimos a hacer un registro”. ¡Las armas! Buscaban las armas. Miran por todos los rincones y, efectivamente, descubren libros, plumas, cuadernos de trabajo, un pequeño crucifijo para que presida el estudio encima de la mesa; en el cacheo personal, el rosario que cada uno lleva en el bolsillo de la sotana... “Aquí no hay armas.—habla el superior—. Registren la casa todas las veces que quieran. Compruébenlo ustedes mismos”. 
Conducidos por una decena de escopeteros fuisteis llevados a la cárcel, que para la mayoría iba a ser el salón de actos del colegio de los Escolapios. Más tarde declararán algunos testigos: “Iban como si volvieran de comulgar”. Esos testigos ignoraban que, efectivamente, al salir de casa os las habíais ingeniado para comulgar todos.
  Imposible comentar ahora el detalle de vuestra gesta. Fuisteis atormentados con simulacros de fusilamiento. “Un día estuvimos casi una hora sin movernos esperando de un momento a otro la descarga”. Así lo pudo contar Parussini [argentino, liberado por ser extranjero]. Os van ejecutando por grupos a lo largo de quince días. Os provocan con la presencia de prostitutas. Os ofrecen todas las posibilidades para apostatar. Pero nada. Ni una claudicación. La vida la habíais entregado solemnemente, con voto, y ahora se trataba de culminar esa entrega. 
Sabíais muy bien que quien ha dado la vida lo ha dado todo. ¿No es cierto, querido Rafael Briega? Te ilusionaba quemar tus energías como misionero de China y habías hecho el esfuerzo de aprender el idioma en tus ratos libres, sin profesor, con los medios que tenías a mano. Llegar a entender y hablar el mandarín con soltura y con ese método tan elemental es trabajo de chinos. Y lo habías logrado. Total, ¿para qué? 
¿Para qué? Jamás te hiciste esa pregunta. Tú eras misionero. Por eso, al despedir al otro argentino liberado, Pablo Hall, le encomendaste sencillamente: “Hágale saber al P. Fogued [Prefecto apostólico de la misión claretiana de Tunki] que ya que no puedo ir a China, como siempre he deseado, ofrezco gustoso mi sangre por aquellas misiones y desde el cielo rogaré por ellas”. Hoy, aquella vieja comunidad cristiana en la que hubieras terminado haciéndote chino con los chinos venera con emoción una reliquia tuya como tu mejor palabra, o tu presencia más elocuente. 
Tu historia, querido de Ramón Illa, no es menos emocionante. Eras una inteligencia privilegiada en un alma humilde, vigorosa, tenaz. Empeñaste toda tu capacidad de convicción para ingresar como aspirante a misionero antes de cumplir los 10 años (!). Cursas brillantemente Humanidades y a los 13 comienzas a estudiar filosofía, mientras te llega la edad canónica para iniciar el Noviciado. También aprendes  el francés y el inglés. Más adelante llegas a leer a san Juan Crisóstomo y al profeta Isaías en su respectiva lengua (griego y hebreo). Escribes poesía; también artículos de prensa. Sólo con un propósito: vivir y dar lo mejor de ti mismo. Como buen misionero. 
Pero el martirio... Al ver que se te escapa la ocasión escribes a tu familia:  “¿Quieren que lo diga con franqueza? No sé qué decir al ver frustrada  tan bella ocasión  de dar la vida por el Señor”. Y cuando por fin te llega la hora, les envías, feliz, otro mensaje como testamento. “El Señor se digna poner en mis manos la palma del martirio. Al recibir estas líneas canten al Señor”. El Papa recordará emocionado estas palabras en el acto de vuestra beatificación. Echo la cuenta cuidadosamente y compruebo que al morir tenías 22 años. Si alguien preguntara por qué te mataron,  tú sólo acertarías a decir por qué (o sea, por quién) diste la vida.
La oportunidad de enviar un buen número de mensajes autógrafos o verbales por medio de los dos argentinos liberados, no tiene precio. ¿Quién iba a deciros que aquellos papeles, junto con varios otros objetos,  se conservarían como preciosa reliquia en ‘vuestro’ Museo de Barbastro?
Imposible seguir.
Pero ¿cómo olvidar que dos de vosotros hicisteis la profesión perpetua en esas circunstancias? ¿Cómo olvidar la despedida a la congregación escrita por el líder del grupo, Faustino Pérez? Esa carta es hoy texto litúrgico. Se encuentra tal cual en el Oficio Divino el día de vuestra fiesta. Dejadme transcribir unas palabras: “Morimos todos contentos [...] rogando a Dios que la sangre que caiga de nuestras heridas no sea sangre vengadora, sino sangre que entrando roja y viva por tus venas, estimule el desarrollo y expansión por todo el mundo”. Y también: “Me dicen mis compañeros que yo inicie los ¡vivas! [...]. Yo gritaré con toda la fuerza de mis pulmones...”.  Llegada la hora —tengo que  recordarlo, querido Faustino—, ya en el camión, cumpliste tu palabra. Y de un golpe con la culata del fusil, te hundieron el cráneo. 
  Pero ni un gesto ni una palabra de resentimiento. Eso, nunca. Cuando uno de los milicianos de la cárcel os preguntó qué haríais de haber vencido en Barbastro, uno de vosotros (sí, Sebastián Riera) se adelantó a contestar: “Os perdonaríamos a todos”. Y cuando, por fin, el salón quedó vacío, podía leerse en una pared esta inscripción escrita con rasgo firme y bien cuidado: “A los que vais a ser nuestros verdugos os enviamos nuestro perdón”.  
Podría añadir, queridos hermanos, que, cuando el grupo del 2 de agosto, fue a la muerte el gitano Ceferino Jiménez, el Pelé, por el delito de haber defendido a un sacerdote y como consecuencia, de haber sido sometido a un registro en el cual descubrieron que llevaba un rosario en el bolso. Encima, tuvo la osadía de confesar explícitamente su fe. Sabéis, cómo no, que es el primero de la etnia gitana que ha subido a los altares. 
Podría traeros las impresiones emocionadas de muchos testigos. Valga una por todas: “Yo los vi cantar [...]. Los misioneros eran los únicos que cantaban al ir a ser fusilados. Cantaban fuerte. Los oíamos y los veíamos desde una rendija de nuestro balcón”. Me viene a la memoria un bello poema de Ángel Ferrero que recoge este testimonio en una especie de ‘ostinato’ musical al final de cada estrofa: “Iban cantando...”. 
El martirio fue vuestra verdadera misión. Seguramente no menos fecunda que lo que hubiera sido una larga vida de  ministerio apostólico por esos mundos de Dios. Hoy existen seminarios o capillas con vuestro nombre en Tanzania, Nigeria, Camerún, Guinea Ecuatorial, Estados Unidos, Venezuela, Paraguay, Polonia, Filipinas, República Popular China..., sin contar el lugar originario de cada uno de vosotros en tantos rincones de España.
Y son muchos los que al visitar vuestra casa-museo de Barbastro, y sobre todo la cripta donde se conservan vuestros restos, sienten que un escalofrío les recorre el cuerpo y que no pueden contener la emoción ante el testimonio estremecedor un grupo de jóvenes misioneros que no se cansaba de cantar aquella melodía compuesta por un veterano hermano vuestro, imitando el vaivén de la barca en sus travesías apostólicas, y que comenzaba con esta estrofa; “Jesús, ya sabes, soy tu soldado / siempre a tu lado yo he de luchar, / contigo siempre y hasta que muera / una bandera y un ideal. / ¿Y qué ideal? / Por ti, Rey mío, la sangre dar”.  
Es sabido que Claret sufrió una larga serie de atentados. Al conocer la muerte de Crusats, protomártir de su instituto, escribió: “deseaba muchísimo ser el primer mártir de la congregación, pero no he sido digno”. Aquella vocación martirial tenía que dar fruto. Y ahí estáis vosotros para atestiguarlo.

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?




La pregunta del millón, ¿quién es Jesús para ti?. Para mi es el Dios Todopoderoso que vino a nosotros, para que nos pudiéramos salvar todos por Él, de todos los pueblos, de todas las razas. Aquí enlazaría con ese salmo, “mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.” ¿Te apetece que lo leamos?, vamos a leerlo al tiempo que lo escuchamos, con ese silencio de todo mi yo-tú.

“Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua”.

Viene como anillo al dedo, es todo un recital poético sobre la amistad, sobre las ganas de estar con Él.

Lo de la cruz, eso ya es otra cosa. Muchos se refieren a la cruz, a las cruces de su vida, a todo lo malo, lo no deseado, lo no comprendido... las dificultades, las tristezas...

Y para ti, ¿cuál es la cruz?

Para mí la cruz no son todos esos problemas ni tampoco mi enfermedad, ya que me está acercando más todavía a Jesús, casi tengo que dar gracias de vivir esos dolores, esos... ¿qué más da? Si cada uno tiene los suyos.

Para mí, lo realmente penoso, lo que me produce angustia, mi cruz, es mi propio pecado. Esos pensamientos negativos, esas dudas hacia aquel otro, esa boquita ácida que no calla... Esas basuras, porque todo esto ensucia mucho más que otras cosas. La cruz de cada uno es eso, porque fijaros lo que dice al comenzar su carta el apóstol Santiago, 1,2-4.

“Teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas. Sabed que, al ponerse a prueba vuestra fe, os dará constancia. Y si la constancia llega al final, seréis perfectos e íntegros, sin falta alguna”.

No intento darte ninguna clase, pero me ratifico en eso de que mi cruz es aceptarme a mí mismo, y a ti, no lo olvides, porque tú, todos nosotros tenemos que cargar con todo lo nuestro, la cruz, nos hace comprender que hay que hacer el bien allá donde estemos, en la escuela, en la clase, en el quirófano, en el puesto de guardia, en las tareas de la limpieza, en los desplazamientos, en los paseos...

El Señor Jesús sabe bien quién somos cada uno de nosotros, a Él no lo podemos comprender, ¡gracias a Dios!, pero nunca nos deja solos, y menos en los momentos más difíciles de nuestra vida. El sufrimiento hay que aceptarlo como ayuda para la perfección.

¿Por qué no te animas y me das tu opinión, me dices lo que piensas? ¿Te das cuenta de cómo empieza todo? ¡Orando solo! Sin la oración no hay respuesta. O sea, si no encuentras respuesta revisa tu oración, porque puede, y solo digo puede, que haga algo de tiempo que la has olvidado, abandonado. ¡No pasa nada! Pero retómala de nuevo, intensifícala.

Y tú, ¿quién dices que soy yo?

Te espero en los comentarios, que ya sabes que puedes escribir y dejar tu opinión.

16/6/13

 SAN ANTONIO DE PADUA


Felicidades a los Antonios, Antoninos, e incluso los Tonos.


Por regla general, a partir del siglo XVII, se ha representado a San Antonio con el Niño Jesús en los brazos; ello se debe a un suceso que tuvo mucha difusión y que ocurrió cuando San Antonio estaba de visita en la casa de un amigo. En un momento dado, éste se asomó por la ventana y vio al santo que contemplaba, arrobado, a un niño hermosísimo y resplandeciente que sostenía en sus brazos.


En las representaciones anteriores al siglo XVII aparece San Antonio sin otro distintivo que un libro, símbolo de su sabiduría respecto a las Sagradas Escrituras. En ocasiones se le representó con un lirio en las manos y también junto a una mula que, según la leyenda, se arrodilló ante el Santísimo Sacramento que mostraba el santo; la actitud de la mula fue el motivo para que su dueño, un campesino escéptico, creyese en la presencia real.


San Antonio es el patrón de los pobres y, ciertas limosnas especiales que se dan para obtener su intercesión, se llama "pan de San Antonio"; esta tradición comenzó a practicarse en 1890. No hay ninguna explicación satisfactoria sobre el motivo por el que se le invoca para encontrar los objetos perdidos, pero es muy posible que esa devoción esté relacionada con un suceso que se relata entre los milagros, en la "Chronica XXIV Generalium" (No. 21): un novicio huyó del convento y se llevó un valioso salterio que utilizaba San Antonio; el santo oró para que fuese recuperado su libro y, al instante, el novicio fugitivo se vio ante una aparición terrible y amenazante que lo obligó a regresar al convento y devolver el libro.


En Padua hay una magnífica basílica donde se veneran sus restos mortales. 

26/5/13

La Santísima Trinidad

Hoy todos nosotros celebramos, vivimos, la Santísima Trinidad: un solo Dios, y tres Personas distintas.

¿Cómo comprender esto? Es muy difícil, a no ser que sea desde el amor. ¿Cómo entender que María queda embarazada por obra del Espíritu Santo? Los mismos discípulos, que anduvieron tres años con Jesús, verdadero Hombre y verdadero Dios, que le vieron realizar tales proezas, no le comprendían. ¡Muéstranos a tu Padre y nos basta! ¿Tanto tiempo con vosotros y aún no me comprendéis? No lo entendían: ¡Enséñanos el camino y nos basta! Y Jesús, en alguna ocasión, se lamenta diciéndoles: “Hombres de poca fe”.

Aquí está la verdadera cuestión. En creer, en convertir el creer en saber. ¿Es científico? No lo es, pero sé que es así.

Sin ofender a nadie, ¿tú sabes quién es tu madre? Cierto, ella es. Pero permíteme la preguntita: ¿Y tu padre? ¿Cómo estás tan seguro? ¿Sabes que es él, o crees que es él? ¿Y científicamente lo sabes? ¿Acaso es matemático? ¿Llamaron al notario en el momento de tu concepción? Estoy contigo, no lo necesitas: yo tampoco. ¿Alguno de los presentes ha pedido la prueba del ADN? Lógico, es una estupidez, un gasto tremendo, no lo necesitamos. Mi madre lo es, y mi padre también. Lo sé, y basta. Esto está por encima de la comprensión, por encima de toda prueba matemática.

Pues algo así ocurre. Sé que Dios Todopoderoso, el Padre, nos dio a su hijo Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, nos lo entregó por María, la santísima Virgen María, para sentir con nosotros, para vivir con nosotros, para hacernos hijos del Padre, para indicarnos el camino: Yo Soy el Camino. ¿Y por qué hizo esto el Padre?

Creo que es muy sencillo. En las Sagradas Escrituras, Dios va mostrando al hombre la forma de salvarse, la liberación del mal, cómo salir del mal camino. En definitiva, la manera de vivir en verdadera libertad. Y todo, como digo, de modo sencillo, porque Dios es Amor.

A Jesús, sus discípulos no le entendieron hasta Pentecostés, donde se les abrieron sus ojos espirituales. Entonces supieron con sabiduría de Dios porque el Espíritu Santo les enseñaba, a ellos, a nosotros, toda la verdad.

Dios es Amor, pero no un amor cualquiera, es una locura de amor. Por eso nos envía al Hijo, para que tengamos el camino, y nos regala el fruto de ese Amor, el Espíritu Santo, el Engendrador, el que nos hace saber incluso sin necesidad de comprender.

Un día dos niños de esos idénticos, gemelos, de esos que siempre van vestidos igual, estaban separados. Uno de ellos se cayó un porrazo y se golpeó en la rodilla. El otro hermanito, que estaba en casa enfermo, empezó a llorar, poniéndose la mano en la misma rodillita. ¿Quién se lo había dicho?

Un matrimonio, estando en una fiesta social, de pronto el marido sintió algo, y fue a buscar a su mujer. ¿Nos vamos, cariño? Sí, respondió la esposa. Luego, hablando, resultó que la esposa se empezaba a encontrar mal y había deseado irse. ¿Quién se lo dijo?

A veces, tú mismo, ves entrar a tu hijo y le dices: ¿Qué pasa? Y, efectivamente, algo pasó. ¿Quién te lo ha dicho?

¡Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo!

PD : ¿Sabes ya quién te lo dijo?

18/5/13

19-5-2013

Pentecostés

Hoy, domingo de Pentecostés, día en que toda la Iglesia celebra precisamente eso, al Espíritu Santo, y precisamente por Él, toda la Iglesia en el mundo celebra, celebramos, lo mismo.

El Espíritu que nos une, uno de sus frutos es la alegría de formar comunidad, en ti y en mí, en nosotros, en todos, en México y en Italia, en Japón y España, en China y en Polonia, en Francia, en USA, en todos los rincones del mundo, “incluso” en África. Por eso el Señor decía a sus discípulos: “id y predicad al mundo entero”.

¿Cómo podría haber sido esto sin el Espíritu Santo? ¿Cuándo un imperio duró tanto como la Iglesia nuestra? La Iglesia que formamos todos, obispos y niños de primera comunión. Sí, todos somos “la Iglesia”. Cada uno tiene una misión, uno extirpa el bazo, y el otro, el sacerdote, preside la celebración de la Santa Misa. Todos somos un mismo cuerpo en esa unidad por el Espíritu, por el Amor que se nos ha dado. Todos formamos una comunidad – Iglesia- reunida y unida en común-unión-comunión- y lo hacemos todos y en todas partes.

¿Qué puedo contaros yo a vosotros que no sepáis? Quiero daros las gracias por estar ahí, por dedicarme más de una oración, por pedir por mi familia y todos los míos; yo poco os puedo decir. Pero también rezo por vosotros y os doy mi bendición humilde y sencilla, pero le pido al Señor que Él os bendiga.

Estaban reunidos en oración, con la Virgen María, y siempre a través de Ella- AD IESUM PER MARIAM - cuando de pronto un fuerte ruido llenó la estancia, pero no se asustaron, como les pasó a los israelitas cuando, junto a Moisés, subieron al monte sagrado. Ahora los discípulos reciben al Espíritu Santo, prometido por Jesús, y llenándoles de fuerza, de alegría, el miedo que tenían les desaparece, y empieza la gran aventura de anunciar el Evangelio, que no es otra cosa que la vida y hechos del Señor Jesús. Y sigue y sigue, hasta hoy en día, donde seguimos anunciando lo mismo, aunque las vestiduras y lo medios han cambiado, pero no así las palabras del Señor.

¿Y todo esto por qué? Porque hoy, como ayer, como en aquellos tiempos, como pasará mañana, el Espíritu, el mismo de siempre, por los siglos de los siglos, nos sigue iluminando con la Verdad, sigue enseñándonos, porque: “el Amor de Dios ha sido derramado por el Espíritu Santo que habita en nosotros”. En todos, incluso en los que no celebran la fiesta, en los que está como adormecido, hibernando. Y despertará... cuando despierte. El Espíritu sopla donde quiere y cuando quiere.

Si tú y yo creemos esto, realmente en nosotros se hará grande y trasparente y entonces “veremos” mucho más.

Y tú, ¿qué dices?

12/5/13

La Ascensión

¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? Es cierto, en muchas ocasiones lo hemos comentado en pequeños círculos más o menos familiares y cercanos. ¿Cómo podemos dejar pasar el tiempo tan tontamente? Teniendo tanto por hacer, hasta los confines del mundo.

Jesús resucita y asciende al cielo, en presencia de muchos, ¿tú no lo has visto? No te preocupes, lo fundamental es que por su amor a nosotros nos dice: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Si lo pensamos bien, si has leído el libro ¡Qué Alegría!, verás cuánto amor sigue desarrollando. Él, hacia nosotros, por poco que nosotros le demos algo. ¿Qué le puedo dar? Mi corazón, un deseo de amor, de reconocimiento: Señor mío y Dios mío, te quiero.

Con esto, su amor y entrega los tienes asegurados. No pierdas el tiempo en programas raros, en lecturas vanas. Ponte en camino, vayamos a visitar, como Santa María, Madre de Dios, fue a visitar a su prima, y como ha dicho el padre Teótimo, se alegran todos, María por su prima, Isabel desborda de gozo, e incluso el niño, San Juan el Bautista, salta de alegría al oír... y es que es así, no hay más. Al conocer, al oír, al hablar con el Señor Jesús, nuestro buen amigo, sólo la alegría cabe en nosotros. ¡Tan sólo por visitar!

Y no hace falta ir hasta los confines del mundo, basta por empezar por los primeros prójimos, por nuestra casa, por el esposo o esposa; por los hijos, que hoy sufren abandono de cariño de los padres. ¡Queremos que sean los maestros, el estado, quien se ocupe de ellos! Máximo error, somos los padres quienes tenemos que visitar y poner las normas de convivencia y de educación, desde la familia, desde el amor, ya que nosotros los hemos querido. ¿Recuerdas qué alegría? Siempre que alguien nos comunica que está embarazada, inmediatamente decimos: ¡Qué alegría!, como en la Visitación, y es que siempre el gran milagro de la vida nos produce alegría.

Pero lo más curioso es que estamos hablando de la vida terrenal, cuando ahora mismo el Señor nos habla de la eterna, la definitiva, y desde aquí, desde ésta, hacemos méritos para ella. ¿Cómo? Amando, como Jesús nos ama. Él nos enseña el camino, y para esta función nos da a la Madre, a su Madre, ni más, ¡ni menos! La Virgen María nos llama de mil formas, nos mira a los ojos, en silencio, sin prisas, y nos enseña a amar. Ella, la maestra, nos regala el amor. ¡Como me pasó a mí, ahora hace cinco años, en Lourdes! En esa gruta llena de paz y de amor, de la mano del rosario, de la oración, como no podía ser de otra manera. Todo comienza en el corazón, ese corazón inmaculado y misericordioso de la Santísima Virgen María.

El Señor asciende a los cielos, y lo hace precisamente para poder estar con todos nosotros, para visitarnos, hasta los confines de la tierra. Antes estuvo físicamente con sus discípulos; ahora está con todos, y bien claro nos lo dice: Yo estoy con vosotros todos los días, estad tranquilos y alegres, hasta el fin del mundo.

Bendita y gloriosa sea tu Santa Ascensión.

Y tú, ¿qué opinas?

21/4/13

LAS ETIQUETAS (Del libro "Qué Alegría" de Antonio Escobedo

25
Las etiquetas
De un golpe salgo del sueño de la noche, con el típico
sonido del despertador –ti, ti, ti, ti–ti, ti, ti, ti. Abro
los ojos y la realidad se me echa encima. Son las seis y
cuarto de un día como cualquier otro. Me levanto y lavo
mis manos, mis dientes, todo. Aún dormido me visto.
Es de noche. Veo las farolas de la calle encendidas, con
esa luz amarillenta que ponen ahora. Es bonita.
Vas a ver, viajo en un tren todos los días, y siempre
subimos más o menos los mismos, y en las mismas estaciones,
cada uno repite los mismos actos cada día. Uno
busca ventanilla; el otro quiere viajar de cara, es decir,
mirando en la dirección en la que el tren se desplaza.
Éste de aquí, siempre, siempre se duerme al instante.
Tiene una facilidad increíble. Aquél va leyendo, todos
los días con su libro. El de más allá, el de los auriculares,
lleva esa radio moderna, el MP3. Pero, si te fijas bien,
hacia el fondo del vagón, está un señor de pie, todos los
días de pie, no busca sentarse, se queda siempre de pie,
solo. Es muy serio. Parece enfadado, no quiere mantener
relación con nadie. Diría que es joven, pero no me
gusta su aspecto. Es muy raro. Me desagrada.
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¿Lo ves? ¿Lo estás viendo? Hacia el fondo del vagón,
sí, el que lleva la chaqueta gris, lleva esa chaqueta gris
todos los días. Creo que incluso se lava poco. Su gesto es
serio, aunque a veces creo, no sé por qué, que está alegre.
¡Pasa de todos nosotros! ¡Ni nos ve! Da la impresión de
que nos desprecia, que no significamos nada para él.
¡Que tío más raro! Él va a lo suyo. ¡No me cae bien!
Mi predisposición lo ha etiquetado. Lo he retratado
por completo. Tengo su perfil psicológico. ¿Te das
cuenta de lo que ya te estoy diciendo? Sigamos.
Hoy me he levantado de mi asiento en el tren y he ido
hacia el fondo del vagón, y me he puesto de pie junto a
él, a ver qué pasaba. Así unos minutos en silencio. Y él,
con el mismo gesto, no se ha inmutado. No huele mal
como me pensaba. De pronto le he preguntado:
–¿Por qué habiendo asientos libres no se sienta?
Él me ha respondido con una sonrisa:
–Es que me han operado de un quiste pilonidal y no
puedo. Me duele más si lo hago.
¡Ah! Primera metedura de pata, y yo pensaba que
era raro. Y ahora resulta que el raro soy yo por pensar
mal. Por mi predisposición, por haberlo definido, por
haberlo retratado. ¡Primer error!
Me has pillado, ¿cómo te has dado cuenta? No, no es
ésta la respuesta que me ha dado. La suya ha sido:
–Como soy joven, dejo que los señores mayores que
suben en la siguiente estación, puedan sentarse cómodamente.
No me importa viajar un rato de pie.
De nuevo mi sorpresa y vergüenza, pero... ¡tampoco
es ésta la respuesta que me ha dado!
Segunda carta
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La suya ha sido:
–Soy cristiano, y mientras viajo rezo el rosario; no
busco asiento porque bajo enseguida del tren, pero le
agradezco su interés por mí. Muchísimas gracias.
Todo esto acompañado de una sonrisa feliz, profunda.
Hay tanta serenidad en él que yo, incluso, me he
sentido relajado y muy a gusto.
Escoge tú la respuesta que más te guste o incluso otra,
y compárala con mi actitud, con la predisposición...
¡Fíjate qué sorpresa! Pon mucha atención, por favor,
yo no viajo en tren ningún día.
¡Menuda sorpresa! Sí, como lo oyes. Por mi trabajo
realizo el mismo puente aéreo todos los lunes y viernes
de todas las semanas a excepción de las vacaciones. Parezco
más un pajarito de tanto volar que un hombre.
Escucha, ahora voy en serio. Todos los lunes cojo
el mismo avión, el mismo puente aéreo, como dicen,
regreso el viernes por la tarde a casa. Siempre estoy
volando, menos mal que es rápido, poco más de media
hora, y al no llevar equipaje pesado, enseguida salgo
del aeropuerto, donde un coche me espera y voy al
trabajo.
Pero ¿qué ocurre? Ya varios lunes, junto a mí se sienta
un señor, otro pasajero, que no para de hablar. ¡Es
pesadísimo! ¡No hay quien lo aguante! Bueno, pues ya
son varios los lunes que vamos juntos. Yo siempre voy
en la misma butaca, la tengo reservada, por así decirlo.
¿Qué hago? Subir, sentarme y hacerme el dormido
hasta llegar al destino. Luego bostezo, y le digo:
–¡Ya hemos llegado!
Las etiquetas
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¡Me levanto, cojo mi bolsa de mano y salgo disparado,
escopeteado, como dice un buen amigo! Así evito su
charla, su rollo patatero, ¡es que es muy pesado! No te lo
imaginas, ni de lejos lo puedes comprender. Empieza y
no para. Aún así no creas, voy todo el trayecto oyéndolo,
porque se engancha con el del otro lado del pasillo, y al
pobre lo pone a caldo. Creo que durante toda la semana
el dolor de cabeza no se le pasará. ¡Y no exagero nada!
Para variar, he decidido hablarle, darle conversación
y sacrificarme un rato. Bueno... no es tan poco, es algo
más de media hora. ¡Uf! Allá voy:
–¿Qué tal ha ido el fin de semana por casa? –le digo
por decir algo.
Para qué habré dicho nada, de quién ha sido la genial
idea de darle charla. ¡No ha parado en todo el viaje! Es
espantoso. No creía que se pudiera hablar tanto y tan
deprisa.
Pero es que en un par de veces, he utilizado la técnica
del despiste mirando por la ventanilla, ¿y qué ha ocurrido?
Su mano, su graciosa mano, me ha tocado con
“cierta suavidad” el hombro, reclamando mi atención
como así ha sido.
–¿Me decía? –le respondo yo–. Y de nuevo bla, bla,
bla... sin parar. ¡Horroroso! En fin, algo positivo de
todo esto, es que ya hemos aterrizado; no he escuchado
ni a la azafata anunciar la llegada.
–¡Bueno, hasta otro día, si Dios quiere!–exclamo con
educación.
–Adiós, adiós, que tenga una buena semana –es su
respuesta.
Segunda carta
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–Gracias –respondo, y me marcho–. Y la marcha
rutinaria de todos los lunes.
Viernes. Es viernes. Acudo al aeropuerto para poder
regresar a casa. Pero antes, voy a tomar un café y leer
la prensa, de la edición de la tarde. Estoy con el café en
la mesita, el periódico abierto, voy a comenzar a leer lo
del premio de literatura... ¿Qué pasa? Una mano me
toca el hombro:
–¡Qué casualidad! Me alegra mucho verle, –me dice.
–El gusto es suyo –respondo y ya no puedo decir nada
más.
–¡Sí, sí, el gusto es mío! Qué alegría coincidir con
usted, una persona tan formada –me comenta.
En fin, me tomo mi café y él el suyo. Pliego el periódico
y pienso que en otro momento será. Nos levantamos
y vamos hacia la puerta de embarque, la número cuarenta,
¡Qué casualidad! Cuarenta años por el desierto,
cuarenta días sin comer ni beber, en fin, qué le vamos
a hacer.
Él me está contando algo sobre su perro, mejor dicho
una perrita que acaba de tener perritos, y me quiere
dar uno.
–¡No, no quiero ninguno! –sólo me faltaría que el
perrito hablara como su amo–. ¡No, gracias!
Miro mi periódico de la tarde, lo pliego y justo estamos
pasando por al lado de una papelera. Adiós al
periódico, adiós a la lectura. Y allí, en esa papelera,
queda el periódico.
–¡Diga, diga, le escucho! ¡Qué interesante! ¡Ah, qué
bueno! ¡Cuánta razón tiene! –son mis respuestas.
Las etiquetas
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–¡Hasta el lunes próximo, que tenga un fin de semana
delicioso con su familia y los perritos! –no sé cómo,
pero le he dicho todo esto.
Es lunes, pienso que con el frío que hace puede haberse
constipado, y no venir. Me escondo detrás de mi
periódico. Junto a mí no está, ¡qué bien! Es otro pasajero
hoy. Qué respiro. Me alegra verme libre, y nada
más empezar la lectura, oigo a mi derecha:
–¡Perdone! ¿Me podría cambiar el asiento? Así podría
charlar con mi amigo.
Pero, no puede ser. Es su voz, le pide al nuevo pasajero
que le cambie la butaca para sentarse conmigo de
nuevo y poder charlar.
–Por supuesto señor, es un placer –le ha respondido.
Yo. Yo me quedo tieso. Pero, ¿es posible lo que estoy
oyendo? Ya lo creo, ya lo tengo aquí junto a mí, si es
posible no lo sé, pero real sí lo es. ¡Por cierto!
–¿Sabe que los perritos...? –comienza él y...
Y así hasta aterrizar. Mi periódico, de nuevo, está en
la papelera.
–¡Hasta el viernes! –me dice.
–Sí, sí –le respondo cansadamente.
Viernes. Mi café, mi periódico, ¡parece que no viene!
De pronto su voz:
–¡Hola! ¿Qué tal todo?
Sí, ha venido, lo tengo ya sentado en la mesa, con
su cortadito –como dice él– y me está contando... Mi
periódico, ya sabes cuál es su final. ¡Exacto! A la papelera.
Puerta cuarenta, sentados en el avión, y a casa.
Segunda carta
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Así llevo ya siete años, ¡qué casualidad! ¡El siete! Pues
no te digo por qué es una casualidad, tienes razón,
piénsalo tú. Pero ahora tengo que corregir mi interpretación
de los hechos. ¡Ahora me siento el hombre más
feliz del mundo!
Resulta que mi compañero de vuelos, Vicente, tenía
una fobia a los sitios cerrados, o algo así, y su médico le
recomendó que cuando volara intentara hablar para,
poco a poco, ir venciendo este miedo. Y así lo hacía, no
dejaba de hablar ni un instante, y lo cierto es que ya no
toma medicación, le han dado el alta por esta fobia, y
con alguna excepción tiene superado lo del miedo, por
ejemplo al ascensor...
A mí, se me hicieron los viajes cortísimos; hubo viajes
que no me di cuenta de que habíamos despegado, y sin
embargo, estábamos ya aterrizando, una maravilla.
¡Qué vergüenza a veces pensar tan mal! Poner esas
etiquetas tan horrorosas a personas que son excepcionales,
mucho mejores que yo. No lo hagas tú nunca.
No vale la pena, no es bueno para nadie. Y por supuesto
no es un buen testimonio de cristiano. El “piensa
mal y acertarás”, es falso. No es bueno, ni es cierto.
¿Acaso soy juez? Juez sólo hay uno, como nos dice el
apóstol Santiago en su carta. Nosotros hagamos lo que
es bueno, tanto para los unos como para los otros, y así
sí que daremos un buen testimonio de lo que somos: la
Iglesia de Cristo.
Te confieso que a mí me ha llenado de algo muy grande,
me ha llenado de una capacidad de amar superior,
de mayor felicidad, incluso en mi hogar, mi familia lo
ha notado. Enseguida me dijeron que me enfadaba
menos, que sonreía más. Aún no sé cómo, pero disfruto
Las etiquetas
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más en mi trabajo, intento ver a todos con otro amor,
que como hombre no puedo ver, pero que con ayuda
del Espíritu Santo, sí puedo. ¿Me comprendes?
¿Quién se le puede resistir? Yo sé que cuanto más
pequeñín soy yo, Él es más grande en mí, y nos va
muy bien así, los dos juntitos. ¿Acaso crees que tú sólo
puedes? La felicidad viene del Amor. Mañana es Pentecostés,
¿será por eso que te cuento todo esto?
¡Tengo que corregir mi actitud! Por cierto, puestos a
corregir, te tengo que confesar que no viajo casi nunca
en avión, ni mi trabajo me obliga a ello. Soy incorregible.
Perdóname. Siguen las sorpresas.
Viajo, como sabes muy bien, en autobús, en esos
autobuses que casi siempre van repletos de gente, que
casi siempre huelen a humanidad.
Bueno, sí, es cierto, tampoco viajo en autobús. Ahora
sí que me has pillado.
¿Y qué más da? No tiene tanta importancia. Lo importante
es tu disposición, la mía, la predisposición.
Esa etiqueta colgada de antemano. Pero me es curioso
cómo podemos hacer tanto daño a otros, tan sólo porque
tenemos la impresión de que son esto o lo otro.
Colgamos la etiqueta con gran facilidad, y la dejamos
ahí, como si nada. Nos creemos con derecho de golpear
a cualquiera, simplemente porque sí, porque mi predisposición
así me lo hace ver. Y desde luego no es una
actitud cristiana, no podemos dar este mal ejemplo a
nuestros hijos, a los nuestros.
Y pasa lo mismo en el trabajo, en todas partes,
siempre son los otros los que tienen el polvo en el ojo,
cuando resulta que si me miro a mí mismo, veo de todo
Segunda carta
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en el mío, vigas, incluso casas enteras, y sin embargo,
no parecen molestarme nada, debido a que ya me he
acostumbrado a ver mal. Veo desenfocado, y por supuesto
con tanto trasto por dentro de mis ojos no me
llega bien la Luz. ¿Cómo me va a llegar?
Ahora ya en serio, voy en mi coche, gris plateado,
es mi modo de viajar. Circulo bien, cumplo todas las
normas, pero siempre está ese otro que no las cumple.
Ése... Si fuéramos capaces de no criticar tanto,
si fuéramos capaces de no juzgar tanto a los otros, si
fuéramos capaces de no mirar tanto los defectos de los
otros, si fuéramos capaces de mirarnos más a nosotros,
veríamos nuestros defectos, nuestros errores, nuestros
egoísmos. Nuestros malos deseos, nuestras omisiones,
nuestros deslices en momentos que no deberíamos...
¡Tenemos tanto para corregir, para depurar dentro de
nosotros mismos!
No pongamos a otros etiquetas, a nadie le gusta tener
etiquetas, ni a ti ni a mí.

14/4/13

DE NUEVO VIAJAMOS A LOURDES (del libro "Qué Felicidad" de Antonio Escobedo)



Mi querido Alberto, me tienes en la sequía, desde
hace tiempo no sé nada de ti, mientras tanto yo sigo
aquí, como siempre, viviendo la vida con intensidad.
A diario.
Tras las cartas que escribí en el libro ¡Qué alegría!,
donde contaba todos los cambios, esos cambios tan
enormes en mi vida, y, al mismo tiempo tan suaves,
como si nada pasase, de un modo tan natural que no
me daba cuenta de ellos, hasta transcurrido un tiempo
después, llega hoy este otro libro: ¡Qué felicidad!
Ahora me piden que conteste a algunas preguntas
que me formulan, y que además, ya me anuncian que
queman.
Mi alma se ha ido llenando de esa alegría absoluta
que sólo en Dios es posible hallar. Tras la alegría llega
la felicidad, ya que siempre, siempre la felicidad viene
precedida de la gran alegría, como los rayos del sol
vienen precedidos por la aurora.
La luz viene tras esa primera claridad, que se antepone
al día. Y así vino Jesús por María, la Luz y la Aurora.
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¡Y así sigue ocurriendo cada día! ¡Y así, siguen viniendo
hoy por hoy!
Ahora llega la felicidad de poder servir, intentándolo al
menos de todo corazón, aun si ser la persona más adecuada
para dar esa luz que algunas me solicitan. Ojalá
mis respuestas resulten útiles y constructivas, no hay
intención de molestar en absoluto: todo lo contrario.
Si puedo, te contesto. Vamos allá.
Aunque he vuelto a tener unos problemillas de nuevo
con la espalda, por fin estuvimos otra vez en Lourdes,
donde como siempre, fue la mismísima Virgen María
la que salió a nuestro encuentro para guiarnos con su
mano, por el camino. Ella misma nos conducía para
que nuestros pasos en este peregrinar nunca se puedan
apartar de la gran autopista, de su Hijo. Jesús es el
camino, y la Virgen nos lo va enseñando poco a poco.
El viaje fue de lo más improvisado. Lo pensamos,
llamamos al monasterio, en cuya hospedería nos
quedamos, y prácticamente estábamos lanzados a los
kilómetros. Como bien sabes, en el trayecto, entramos
en el Santuario de la Virgen del Pilar, para honrar y saludar
a nuestra Patrona de España. Fíjate: un montón
de gente frente a ella, y justo allí, un banco completamente
vacío, sin nadie, al cual acudimos toda la familia
y llenamos por completo.
Bien sentados, mirando a la Virgen del Pilar, pensando
en eso, en lo que significa para mí un “pilar”, algo que
sostiene, algo que sustenta, un apoyo vital, quizá de mucho
peso, que soporta pacientemente allí, quieto, que
sujeta toda una estructura. Sujeta a España, a sus hijos,
a nosotros, nos mira con esos ojitos tan diminutos.

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¿Me mira a mí? Creo que te mira a ti. Quizá mira a
todos. ¿A quién miras, Madre?
De pronto, y sin darme cuenta, cruza por delante de
mis pensamientos un sacerdote revestido que va a presidir
la Santa Misa. Un señor mayor, de voz débil pero
clara y decidida. Vamos a poder participar de la Santa
Misa, como así lo habíamos previsto.
Estamos sumergidos desde esa mirada a la otra mirada,
la del Hijo, que todo lo ve, que todo lo sabe, que
ve en el corazón. ¿Me mira a mí? Creo que te mira a ti.
¿Quizá mira a todos? Ya sé, tengo que preguntarle a
quién mira, pero no me atrevo.
Sé que en un salmo se dice que sabe el nombre de todas
las estrellas, de tal modo que pienso que nos conoce
a todos nosotros, que nos llama por nuestro nombre,
aunque algunos estén desorientados, estrellados, nos
conoce. Me mira a mí; pero también lo está haciendo
contigo. También a ti te mira. ¿Lo notas? Fíjate bien,
es una mirada atenta, humana, superior pero no altanera,
sabe situarse a mi nivel, al tuyo. ¡Es fantástico!
¡Me está mirando! ¡Qué maravilla!
¿Por dónde iba..? Ah, sí, por el canto del: “Santo,
Santo, Santo es el Señor...” Sí, sé que te lo sabes, y por
cierto, mejor que yo. ¡Me había despistado un poco!
De pronto, algo me llama la atención –no sé cómo
decirlo–. Es como si me estuvieran mirando los dos.
Tanto la Madre como el Hijo. La Madre me mira con
los ojos de la paciencia, de saber escuchar, de sufrir
por el Hijo. El Hijo, Jesús, que es su nombre, me mira
con bondad, con amor. Me llena totalmente, está celebrando
la Pascua, su Pascua. Pero vivo, muy vivo, allí,

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en el pan y en el vino, aquí, está con todos nosotros por
su amor. Su mirada lo delata, me quiere, me acepta, y a
ti, a todos. La Virgen mira sonriente, es lo mismo, sabe
quién soy, me conoce, nos conoce, me mira a mí, y a ti.
A todos, es la Madre de todos, su amor por sus hijos, el
amor de una Madre.
¡Cuidado, que de nuevo me estoy despistando! La
bendición de Dios: “En el nombre del Padre, del Hijo,
y del Espíritu Santo...” O sea, la Trinidad.
¡Uf! Por poco se me pasa. Estoy contándote todo esto
con tanta alegría que me estaba desviando. Bueno,
como sabes, me pasa de vez en cuando. ¿Dónde estábamos?
Ah, sí, en Zaragoza, en el Pilar. En un día de
verano soleado, precioso, aunque con mucho calor.
Saludo también a Santiago Apóstol, allí en el Sagrario,
y poco a poco nos volvemos a poner en marcha.
Los kilómetros van pasando con suavidad. Nos vamos
aproximando a Huesca, la ciudad de los Pirineos: esa
gran cordillera, imponente, con esas cimas majestuosas.
¡Cuánta belleza frente a nosotros! ¿Quién será el
creador de todo esto? ¿Quién lo habrá diseñado? Seguimos.
Ahora, como bien sabes, estamos rezando un
rosario, aunque no es el primero de la mañana. ¡Qué
bien vamos!
El paisaje nos deleita, cuántos pinus silvestris, con sus
acículas duras y cortas; cuánto boj; y, sobrevolando las
alturas, divisamos unas águilas.
Curvas y más curvas, ahora subo, ahora bajo, un poco
de recta, y de nuevo curva, de nuevo una subidita, mejor
dicho, todo un señor puerto, de nuevo curva. Parece
la vida, ahora una dificultad, ahora una solución; de

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nuevo problema, a por él, solucionado.
Algunos problemas son más fáciles que otros, pero todos
nos hacen agarrarnos al volante con decisión, con
valentía. Un poco de recta, una relajación, sonreímos,
y poco a poco, subimos, nos elevamos, purificamos
nuestro ser, y de nuevo a lo ordinario; curva, bajadita,
dolor, un problema, una alegría, unos días mejor que
otros. Pero todos buscando la paz, la felicidad. ¿Pero
viajamos por la carretera adecuada? ¿Nos hemos equivocado?
¡No, vamos bien! Nos dice la voz de mi mujer,
segura y suave al mismo tiempo. ¡Qué susto! De nuevo
me había despistado. Es normal, no se pueden hacer
tantas cosas al mismo tiempo.
¡Recuerdo cómo me mirabas! La paz con nosotros,
tu paz nos llena, y los kilómetros van pasando. Ya
estamos en un túnel muy largo en el que al entrar es
España, y a la salida ya es Francia; es el túnel de Somport.
Se nota sobretodo... ¿En qué crees que se nota?
Anda, adivínalo. Bueno, es igual, yo te lo digo. Se nota
en que todas las indicaciones están ya en francés, y son
algo diferentes, y también en que los de allí hablan de
otro modo: hablan en francés. Fíjate que al queso lo
llaman fromage. ¡Sólo es una broma, no te enfades! Es
un chiste muy antiguo.
Hemos comido en un sitio precioso, junto a una
antigua casa de piedra, y al lado de un río bravo, de
esos que bajan de los Pirineos, de agua cristalina y
fría. Su susurro nos musicaliza la comida. Es la música
natural, también una ligera brisa, nos saluda y refresca
un poquito. Es un día muy soleado, y hace muchísimo
calor, incluso aquí, en pleno alto pirineo francés.

Tras tomar un poco de café y descansar, reír, tirar
piedras al río, hacer unas fotos testimoniales, tras estas
cosas y otras que no voy a mencionar –por ser necesidades
fisiológicas– poco a poco, pero con decisión y
mucha alegría, volvemos al coche, y de nuevo el lento
caminar de nuestra imaginación hace maravillas.
¡Ah! Como siempre que subimos al coche, le rezamos
una oración a nuestros ángeles de la guarda, o si lo prefieres
a los ángeles custodios, para que nos acompañen
en cada momento y no tengamos problemas nosotros
ni terceros. Y así vamos seguros. ¿Tú no los invocas?
¿Por qué no? Mira, Pío XI le dijo a monseñor Roncalli:
“La presencia activa de los ángeles es una fuente perenne
de alegría para sus protegidos. Esta presencia
allana las dificultades y disipa las oposiciones”.
No soy yo quien lo dice, es un papa a un cardenal. Pero
muchos otros papas han reconocido su intervención.
El mismo Juan XXIII atribuía a su Ángel Custodio la
idea de convocar el Concilio Vaticano II. Y también
Juan XXIII, el nueve de Agosto de 1961, relativo a los
problemas en la carretera, dijo: “Invocando con fervor
a los ángeles obtendremos su intervención sobre la
razón y la voluntad de los hombres”.
Y también el seis de Enero de 1962, en una exposición
a los sacerdotes les comunicó: “Pediremos particularmente
a nuestro Ángel de la Guarda que se digne
a asistirnos en la recitación diaria del Oficio Divino,
para que lo recitemos con dignidad, con atención y
con devoción, para que sea agradable a Dios, fructífero
para nosotros y para las almas de los demás.”.
¿Esta risita tuya viene por esa frase que algunos tildan
de “preconciliar”? ¿Crees que es cosa de niños?


Es cierto, algunos me han hecho este tipo de comentarios,
gentes de toda clase y situación. Te extrañarías, mi
querido amigo, la cantidad de veces que se han reído hacia
adentro. Parece como si no creyeran en los ángeles.
Pero escúchame, aunque sé que lo sabes, te voy a
recordar unos cuantos puntos, donde se hace una
clara referencia a los ángeles. Cógete el Catecismo de
la Iglesia Católica, y en el punto trescientos veintiocho
nos dice: “La existencia de seres espirituales que la
Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles es una
verdad de fe”.
También en el siguiente punto, en el trescientos veintinueve:
“Los Ángeles son servidores y mensajeros de
Dios, porque contemplan constantemente el rostro de
mi padre que está en el Cielo”. (Mt 18,10).
En fin, no te lo digo yo, ni nadie raro, es la fe nuestra,
la de nuestra Iglesia, es nuestro Catecismo, y siguen
más números hablando de los ángeles. También Juan
Pablo II dio unas catequesis preciosas sobre estos
ángeles, entre el verano y el otoño de 1986. Igual otro
día te contaré más detalles, o incluso te relate algunos
testimonios. Pero ahora, lo que sí te comunico, es una
gran verdad: nosotros los invocamos mucho, todos los
días, y te puedo afirmar que incluso para aparcar el
coche. ¡No hay sitio, todo lleno!; ¡de repente, uno que
se va delante de ti! ¡Ya tienes sitio! ¿Has visto?
Por cierto, aunque me he despistado un poco del relato,
llegamos a un punto en la entrada de una ciudad
que para seguir a Lourdes se puede hacer por dos carreteras
diferentes, y ambas nacen en la misma rotonda,
una más a la izquierda, y la otra, la que atraviesa toda
la población, siendo mas lenta.


¿Por cuál vamos? ¿Por cuál debemos de ir? ¿Cuál será
la mejor? Nosotros queremos la de menos curvas, ya
que llevamos a un hijo que se marea y vomita, pasándoselo
muy mal.
Entro en la rotonda, ¿Por cuál continuar? Ya está,
por la de la izquierda. Sin saber por qué, vamos ya por
ella. Pasan los kilómetros y vamos llaneando, con más
rectas que curvas, un paisaje precioso sale a nuestro
encuentro, las viñas francesas, plantadas en espalderas,
como dicen aquí nuestros agricultores. Nuestro
hijo va perfecto, no se ha mareado nada. Nos estamos
acercando a Lourdes, y ya se divisa hacia el fondo la
silueta de los montes que envuelven dicha ciudad. Ya
sentimos su presencia. ¡Nos dejamos llevar! ¿Tú no
invocas a tu ángel de la guarda?
Ahora, como ha dicho otro hijo nuestro, vemos los maizales.
Son enormes, inmensos, mares y mares de maizales,
plantas enormes y sanas con sus mazorcas peludas
madurando, expuestas al viento. Nosotros nos relajamos
con su verde frondoso, y casi sin darnos cuenta estamos
ya encima. ¡Betharran! El coche parace que va solo,
que nos guía él solito, ¡somos conducidos! Conductor y
conducido al mismo tiempo. Es increíble, aunque sé que
me crees. ¿A ti también te ha pasado algo parecido? Casi
estamos ya en Lourdes, una curva a la izquierda, y quizá
veamos ya el santuario. Son las cuatro de la tarde, hace
un calor terrible, el termómetro marca treinta y cuatro
grados centígrados, ¡Ya, ya estamos! “Mirad, mirad...”
Vemos todos al mismo tiempo el santuario erguido delante
de las montañas. La luz del atardecer lo baña de
colores cálidos. ¡Hemos llegado! Cantamos el Ave María
de Lourdes y rezamos un Ángelus.


Ahora busco, para situarnos, la torre de la iglesia parroquial,
referencia clara del monasterio donde vamos.
Ya lo conocemos, hemos estado más veces. Hay que
aparcar, todo completo; damos una vuelta a la manzana,
y al mismo tiempo: “Ángel de mi guarda...” ¡Mira,
mira, allí se va un coche! Justo aquí aparcamos. Qué
casualidad, zona libre, no hay que pagar, y vigilada
por tantos y tantos. Gracias al Ángel un sitio perfecto.
¿Sigues sin invocar a tu ángel de la guarda? No sabes
lo que te pierdes, no haciéndolo.
Maletas fuera, y con un agobio sofocante, la realidad
del calor. Estamos tocando el timbre del monasterio,
las Hermanas del Amor de Dios. Nos dan las llaves y
ya sabes el resto.
Una nueva “aventura” en Lourdes nos espera. Nos llena
de alegría poder estar aquí, en tu santuario. Cuántas
veces, Madre, nos acordamos de ti. Hoy mientras te
escribo, son casi las doce del mediodía, de un día de
septiembre, cuya mañana es fresquita y con algunas
nubes. La hora del Ángelus. Por cierto, la palabra ángel
viene del latín, ángelus, que quiere decir “mensajero”,
“enviado”, y en hebreo ángel es malak, que quiere decir
“delegado”, “embajador”.
Los ángeles tienen la función de mediación entre las
relaciones de Dios con los hombres, siendo los mensajeros,
los delegados de Dios, aquí y ahora, en nosotros,
en nuestros abuelos, en nuestros padres, en ti y en
mí, en nuestros hijos. Bueno, hacía tiempo que no te
escribía, y tengo muchas cosas que contarte, pero voy a
intentar poner un poco de orden. Ojalá te pueda narrar
cómo ha sido este año en Lourdes. La Virgen nos cogió
en brazos y nos fue paseando, llevando... Una mara-


villa, como siempre. ¡Qué felicidad! Intentaré poner
palabras a mis sentimientos, y desearé que te guste.
Lourdes es siempre maravilloso. Espero no haberte
puesto dolor de cabeza, pero si es así, toma una píldora,
y pronto se te pasará.
¡Que Dios te bendiga a ti, a toda tu familia y a todos
los tuyos! Amén.

30/3/13


                                                               Pascua de Resurrección 2013

“Tu cuerpo es preciosa lámpara,
llagado y resucitado,
tu rostro es la luz del mundo,
nuestra casa, tu costado”

Al día siguiente de la elección del Papa Francisco, oí decir a un joven: “Este año Dios nos adelantó la Pascua…, o mejor: nos regala dos Pascuas”. Con su alegría simple y desbordante, estaba diciendo que el Señor “pasaba dos veces” por su pueblo. Paso de gracia y alegría, de esperanza y misericordia.
El regalo de Dios a la Iglesia y a todos los hombres “de buena voluntad”, es un Papa con corazón de Francisco. Ahora bien, dones son tareas, lo que queremos es asumir la elección de Papa Francisco con corazón alegre y comprometido. Pidió que recemos para que él nos pueda bendecir, esto es: ser una bendición para la Iglesia y para el mundo.
Jesús Resucitado se manifiesta hoy a la Iglesia con la alegría simple, hondamente humana y divina de un hombre que habla al corazón, que no vocea, que es sencillo y libre, manso y humilde.
Creo firmemente que se cumplen aquí las palabras de la Escritura: “…vean que vengo y hago todo nuevo, ¿no se dan cuenta que ya está ocurriendo?”. La Vida del Resucitado está en la Iglesia y es primavera… ¡todo comienza a brotar de nuevo! Todo comienza de nuevo y María está ahí, alumbrando feliz la Vida.
Les deseo una bendecida Pascua de resurrección. Que Dios les lleve en la palma de su mano:
P. Alberto E. Eronti

29/3/13

¡QUE PASEIS BUENAS PASCUAS!





UNA PASCUA CON NUEVOS AIRES EN LA ONDA DEL NUEVO PAPA

Estamos viviendo un tiempo inesperado y con grandes sorpresas.
No solo por la elección del Papa Francisco sino por lo que en pocos dias ha generado con sus gestos y palabras.

Hemos recibido tantas noticias que aun nos cuesta asimilarlas.
Haré a modo de saludo pascual una breve reflexión personal.

Creo que a los ya lo conocíamos nos sigue pareciendo que es el mismísimo Padre Jorge de cuando era Superior Jesuita o despues Cardenal de Buenos Aires,con una linea de continuidad en su conducta personal que reafirma la autenticidad de sus gestos.
Lo novedoso es que siga actuando igual siendo ahora el Pastor de toda la Iglesia Católica con proyección global,sin cambiar.

Quero destacar las virtudes y mensajes que más me impactan.
Es un hombre humilde que se sabe amado por Dios y que agradece a El cuanto es y cuanto ha recibido como don,reconociendo que como todos los humanos es limitado,fragil y pecador.

Por ello es misericordioso,porque ha experimentado la divina misericordia en su propia vida y en su labor pastoral y porque la demuestra en su preferencia por los que sufren y están marginados,a quienes se acerca con gran ternura y afecto.

Es veraz y por ello creible,no solo porque dice verdades sino porque su vida va de acuerdo con lo que anuncia,su sinceridad no es agresiva pero si directa,franca y transparente.

Es un pastor cercano capaz de estar en sintonía con todos y de generar una comunicación que se hace comunión interpersonal y llega a establecer puentes con los más diversos grupos de personas que llegan a sentirlo como uno de ellos.

Es una persona alegre que sonríe con espontaneidad,tiene buen humor y es capaz de bromear con cariño y respeto,por eso genera un clima de serena alegría en torno a él.

Entre sus mensajes destaco los tres verbos que a modo de programa dijo en la Capilla Sixtina.
La Iglesia debe caminar,construir y anunciar partiendo de la Persona de Jesus y su Palabra de Vida,de la mano de María.

A todos los invito a rezar por él,como nos lo pide siempre, y les deseo una Pascua con una nueva esperanza,como la del Papa.


P.Guillermo Mario Cassone             Tucuman,Pascua de 2013

25/3/13

DOMINGO DE RAMOS

Hosanna. Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el Reino que llega.”

Gritos y vítores de la gente sencilla, del pueblo, al que entra montado en un borrico, tal y como la Escritura decía que lo haría el Rey: el Mesías de Israel.

Los jefazos, los más preparados, tan solo vieron en Él a un agitador que poco a poco iba desmontando una paradeta, como se diría hoy. Ellos lo tenían estudiado, y sacaban su partido de todo.

Pero Jesús, sin miedos, sabiendo dónde va, entra triunfante, le alfombraron el camino por donde iba a pasar. Lo reconocían como Rey del Reino de Dios.

Pero hoy, si entrara en nuestras ciudades, ¿lo aceptaríamos? ¿O también exigiríamos una demostración de fuerza y poderío, un tanto similar a superman?

Nuestras sociedades mercantiles, religiosas, y de todo tipo, ¿sabrían ver al que viene para ayudar al pobre y desvalido? ¿O también en el momento más duro lo abandonarían porque no ha superado nuestras expectativas?

A Jesús no se le puede detener, de un modo u otro, Él entra, se nos acerca, se interesa por nosotros, por los enfermos, aquellos que estaban en las piscinas de Betlesda.

Lo cierto es que su llegada siempre nos proporciona un gozo desbordante, incluso cuando estamos solos, sabemos que Él está junto a nosotros, los demás se alejan, pero Él siempre atento a todas nuestras necesidades. Él conoce nuestras debilidades, mejor que nosotros mismos, por eso incluso cuando no somos conscientes, nos proporciona más de la cuenta, para poder superar nuestras torpezas, como humanos que somos.

Él entra triunfante, sabiendo que la cruz está ahí, pero también conoce la forma de dar la gloria, en su Resurrección, que por nuestra fe sabemos que también un día nosotros la disfrutaremos.

Nosotros siempre debemos darle la gloria, y nuestra gratitud, porque por su gracia, podemos superar muchas pruebas y tribulaciones. Y esto Él lo aprueba, y para ello te recuerdo el mismo texto de San Lucas, donde unos fariseos le piden que reprenda a sus discípulos, y Él les contesta: “Si éstos se callan, gritarán las piedras.”

No podemos callarnos, no podemos ocultarnos, somos lo que somos, y lo somos por la gracia de Dios.

16/3/13

Quedan pocas horas

La cuaresma se está acabando, quedan pocas horas, para empezar ese domingo de Ramos, esa aclamación y reconocimiento público, de Jesús como Hijo del Padre, como verdadero Dios, y si nosotros no lo hacemos, si no lo vitoreamos ¡Aleluya!, Entonces lo harán las piedras.

Pero antes, tengo que pensar en estas cinco semanas de cuaresma, ¿ha cambiado en algo mi vida? ¿Percibo algún cambio sustancial? ¿Muere en mí el hombre viejo y renace el nuevo?

Reconozco señor la gracia que me das para querer desear el cambio, este cambio que me es tan difícil. ¿Cómo perder la soberbia? ¿Cómo dejar de creerme mejor que otros? ¿Cómo aceptar que tengo que servir? ¿Cómo aceptar esos rechazos, esos desprecios, esas humillaciones?

Ya lo sé, Tú tampoco las merecías, y, callaste aceptando la voluntad del Padre. Pero yo, ¿cómo lo conseguiré? Me cuesta callar, me cuesta sufrirlos así sin más. ¿Cómo aceptar la discriminación por ser cristiano-católico? Y a veces Señor, vienen de tu misma familia, de algún pariente, y da la impresión de que hagas lo que hagas, está todo mal. Es como si las palabras ya hubieran sido escuchadas en negativo, antes de llegar al oído. Hay una etiqueta que te marca. Creo que no me conocen en absoluto, pienso que soy como un extraño para ellos, que incluso escuchan a cualquier otro antes que a mí.

¿He aprovechado esta cuaresma para darme cuenta de lo necesaria que es la oración?

Si de algo me ha servido, es para esto. He vislumbrado todavía mas la fuerza de la oración, la fuerza del silencio. Quizás, muchos no hayan visto que tu providencia es real, no hayan descubierto su fuerza.

¡A Dios rogando y con el mazo dando! Mi fuerza es débil, y se agota, si no voy contigo, doy mazazos, pero de pronto ya no puedo mas, y ahí, mi querido Señor, ahí, entras tú, y sigues dándome fuerzas, para mas y mas. ¡Incluso durmiendo! Lo dice la Sagrada Escritura:

“ Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas”

Y tú, ¿cómo has vivido la Cuaresma? ¿Te ha servido para limpiarte de algo?

¡Qué Dios te bendiga, y te haga un instrumento de Paz!


HABEMUS PAPAM !!!   DEO GRATIAS !!!

Hace unas horas recibimos el regalo de la elección del nuevo Papa Francisco, nuestro querido Cardenal Bergoglio.

Sorpresa,estupor,alegría !
Alabanza,gratitud,compromiso !

Cuando menos lo esperabamos, y más allá de los pronósticos, Dios nos volvió a sorprender con esta elección, que nos llena de una mayor fe en la Providencia que sigue guiando a la Iglesia.

Hace 18 dias compartimos como comunidad un par de horas con él donde pudimos preguntarle lo que queríamos y nos respondió con su claridad y lucidez características y luego concelebramos la Misa en la Catedral.
Entre las varias respuestas hubo una que ahora se torna muy actual que fue sobre cuales deberían ser los rasgos del futuro Papa y nos dijo que debía ser un hombre de oración,que creyera en la presencia viva y actual de Jesus en la historia y que sepa dialogar con todos. Seguramente estos rasgos lo tipifican a él mismo.

Sus primeras palabras y gestos fueron muy elocuentes: Iba vestido solo con la sotana blanca,comenzó diciendo:” Buona sera”,saludó en primer lugar a los romanos por ser su Diocesis,rezó con todos por el Papa Benedicto,antes de bendecir pidió que el Pueblo de Dios interceda la bendición para él y se inclinó en silencio,despues bendijo a todos Urbi et Orbi y finalmente anunció que mañana iría al Santuario de la Virgen a pedir su protección.

Su nombre encierra todo un programa: Francisco, que en los próximos dias iremos descifrando a la luz del ejemplo de este gran santo que en su epoca renovó la vida de la Iglesia.

Como argentinos estamos felices y orgullosos que uno de nosotros sea desde hoy Pastor universal del Pueblo de Dios. Esto nos compromete más a acompañarlo orando por él, siguiendo su ejemplo de vida  y sus enseñanzas. Seguramente va a ayudarnos a ser más hermanos entre nosotros,a reconciliarnos y a mirar el futuro con una nueva esperanza.

   P.Guillermo Mario Cassone                          Tucumán,13-3-2013

10/3/13

No esperes más. Ponte en camino.

Sentado aquí, meditando junto al Señor, me viene a la cabeza esas personas que ven mensajes de destrucción por todas partes. Ven a un dios, al parecer vengativo, que viene a castigar y a dar muerte a los que no cumplen. Quizá, ¿Hay alegría por pensar que “esos” se van a condenar eternamente? Porque, parece ser que los otros – esos- siempre son más malos, y los de este lado todo lo hacen bien.

Y sigo sentado, mirando al Señor, y me vienen dos imágenes, la primera, o yo no lo conozco de nada, y la segunda, o ellos no lo conocen de nada, porque cuando has caminado un trecho del camino con Jesús, te das cuenta, sorprendido, que tus pies, no tocaban tierra, para que no se llagaran. Cuando vas con tu cruz, y la sientes pesada, clavándose en tu cuerpo, de repente, yendo con Él te das cuenta que no la llevas, que hace un buen rato que no sientes ese peso, que “alguien” parece ayudarte. ¡Y todo por amor!

Sentado, no soy yo quien corre hacia Él, sino que es Él quien corre hacia mi. Es Él, con una paciencia inmensa, quien se acomoda a mis pies, a caminar, que por cierto y dicho sea de paso, hoy es un poco mejor.

Mirándolo, Él me llena a mi, y no al revés. Y la Virgen María, a quien le doy las gracias por aquel encuentro la noche del uno de mayo en la gruta de Lourdes, quien tantas veces viene a mi a socorrerme, y jamás he percibido un regaño, un mal gesto, al igual que su Hijo, nunca me he sentido insultado, al contrario, por mucho que yo me haya equivocado, Él sigue junto a mi, atento a mis necesidades.

Su palabra me llena. Pero para que me llene, la tengo que escuchar con los oídos limpios, que no es otra cosa que con un corazón limpio, pero esto no es posible sino se está en gracia.

No dejes pasar esta oportunidad de vivir el Amor, de volver a su encuentro, en ese sacramento de la reconciliación, y vivir la fe en profundidad.

Ve al Sagrario, si puedes por algunas horas, y notarás cuanto te quieren, cuantas ganas de volver a verte tiene el Padre. Si estás en Valencia, te recomiendo que visites al Santísimo expuesto siempre en la Iglesia de mis hermanas clarisas en el convento de la Puridad, en la calle de la Puridad, junto a la basílica de la Mare de Deu.

El Padre no espera, no es políticamente correcto, sino que sale a nuestro encuentro, y nos da todo lo mejor.

“Ponte en camino”.

Si me preguntas a mi, yo sigo sentado, junto al Señor.

Gracias

3/3/13

LO IMPORTANTE ES SER

El hombre es importante por lo que es, no por lo que tiene. Vemos llorar con amargura a todos por igual cuando la desgracia los golpea. El que es y el que tiene, como digo, parecen juntarse, unirse en el sufrimiento. ¿Qué te pasa, por qué estás aquí? Y el otro responde, pero acaba diciendo lo mismo, y tú, ¿Por qué estás en la salita del hospital, a quién tienes dentro? Ambos sienten del mismo modo, “es mi hijo”, “es mi padre”, y se debaten entre la vida y la muerte.

La felicidad nos la da el ser, el tener se puede acabar, y de hecho, cuando ya lo tienes, ¿qué hacer ahora? Hay que pensar en algo nuevo para tener. Pero al mismo tiempo qué triste es cuando te falta lo sustancial.

Por eso el Espíritu empujó a Jesús al desierto, donde no se puede tener nada, donde todo equipaje acaba siendo pesado y molesto. En el desierto, que es una imagen, más que una pura realidad, en lo hondo de cada uno, lo que cuenta es lo que soy, no lo que tengo.

Lo que cuenta es un buen marido, una buena mujer, y unos hijos que escuchen a sus padres.

En el desierto tengo que aprender que gracias a las tentaciones, a los dolores, a las privaciones, subo en mi yo personal-espiritual, puedo unirme más a Cristo, y si Él quiere, me irá dando más gracia para seguirlo.

Dios mismo, Jesús, nos enseña con su ejemplo a vivir entre alimañas, pero confiando en que los mismos ángeles nos servirán.

Dios le dijo a Noé, y a sus hijos, o sea, a todos nosotros, a los que ahora viven en la tierra, que hacía un pacto con nosotros, para ayudarnos y acompañarnos en todo momento.

Y hoy proclamamos: “Se ha cumplido el plazo”, hay que actuar, no sirven las medias tintas, ser católico sin un compromiso creo que es ser muy poco. Ser cristiano, eludiendo la responsabilidad que libremente tenemos, quizás nos hace ser “no-cristianos”. Hay que vivir de verdad, dando ejemplo, porque el Reino ya está aquí, y toca convertirse, arrepentirse de todo lo que no me gusta de lo que he hecho y pensado. Hay que vivir el Evangelio, y ¿quién es el Evangelio?, ni más, ¡ni menos!, que Jesucristo.

Se ha cumplido el plazo, ha llegado el momento de actuar desde el corazón, creyendo que todos los que vivimos ahora en la tierra somos hermanos, y quien esté libre de toda culpa-pecado, que tire la primera piedra.

Gracias, Señor Jesús, por tu Gloria.